¿Diseñas o trabajas? La nueva comunicación visual. 1980-2003 en el Museu del Disseny de Barcelona

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¿Diseñas o trabajas? La nueva comunicación visual. 1980-2003

¿Diseñas o trabajas? La nueva comunicación visual. 1980-2003 es el título de la exposición que el Museu del Disseny de Barcelona ofrece estos días en su programación de exposiciones permanentes. Una muestra que trabaja por la nostalgia en numerosos niveles, como buena retrospectiva, pero también como análisis de las evoluciones del diseño en la ciudad, por otra parte, extensible a otras partes del país. Porque los tiempos del diseño como una disciplina sostenible, capaz de absorber a una población de diseñadores y diseñadoras y garantizarles el pan de cada día ya forma parte del pasado, es material museístico. Pero un material muy bueno, como confirman las piezas seleccionadas, que dialogan con diferentes décadas, incluso con las previas, bajo la sombra del franquismo.

¿Diseñas o trabajas? La nueva comunicación visual. 1980-2003

El diseño de los ochenta y de los noventa no es comercial únicamente, también transformó la imagen de las instituciones públicas. Transformó Barcelona. Por esta lógica, la Barcelona que actualmente alabamos, o de la que también nos quejamos, es deudora del trabajo de una serie de diseñadores y estudios de diseño que han marcado la pauta, que construyeron casi de cero y que se mantuvieron firmes ante la contaminación externa, los ineludibles imaginarios anglosajones que, en su veteranía, han trazado el camino a seguir.

¿Diseñas o trabajas? La nueva comunicación visual. 1980-2003

¿Diseñas o trabajas? también conversa con la tecnología, con la experimentación, con los grandes eventos de nuestra historia reciente; se convierte en el “Cuéntame” del diseño gráfico local para deleite de los que hemos vivido esas décadas o queremos entender la nuestra a partir de los logros de nuestros antecesores.

Suspicaz como soy, me llama la atención que la pregunta que sirve de título a la muestra segregue al diseño del trabajo, extirpe el diseño del ejercicio laboral y evidencie el inocente positivismo que generó la bonanza de un par de décadas. Por otra parte, un optimismo que aún arrastramos y algunos aún conservamos aunque las sucesivas crisis económicas nos quieran hacer pensar lo contrario.